miércoles, 13 de enero de 2016

EL AMOR QUE NO OSA DECIR SU NOMBRE

EL AMOR QUE NO OSA DECIR SU NOMBRE
  


                                                                                                                 Por: Saúl Gómez Mantilla

El color púrpura simboliza el sexo. El rojo es la vida la vida. Naranja para la buena salud. El amarillo  evoca la fuerza del sol. Verde es el equilibrio de la naturaleza Y el turquesa representa la faceta artística. Estos son los seis colores de la bandera que representan el sentido gay en el mundo.

El turquesa engalana está pequeña selección de poemas de la más bella y exquisita poesía escrita por ilustres homosexuales y lesbianas a lo largo de la historia. Los poemas son un pequeño recorrido por el sentimiento gay expresado mediante la poesía, como lo dice Antonio de Villena, poeta y crítico español, compilador de antologías de poesía gay y lésbica en el mundo hispano: “La poesía bella lo es siempre, la homosexual —eso sí— ha sido más rara y más atrevida, quizás eso le otorgue un plus de belleza… La poesía es el género o el modo literario donde la homosexualidad se ha refugiado al ser perseguida.” Y es esa persecución, ese señalamiento el que invita a nueva lectura de la poesía, ya sin señalamientos, sin necesidad de esconderse para mostrar parte el legado que hombres y mujeres han dejado a las nuevas generaciones.

De todos los grandes poetas homosexuales, quizás sea Safo de Lesbos, la más antigua, reconocida por su fuerza y coraje a la hora de escribir y enfrenarse a una sociedad dominada por los hombres; En Roma, Catulo vive enamorado de Lesbia y encaprichado con Juvencio; William Shakespeare, configura al hombre moderno a través de sus obras; Walt Whitman y Oscar Wilde sacuden al mundo con su inteligencia y su ternura.  Kavafis en Alejandria recorre los barrios bajos para buscar su efebo; Amy Lowell y Adrianne Rich, dos mujeres norteamericanas enfrentadas al establecimiento, que hicieron de su poesía su bandera de guerra; W. H. Auden nos entregaría uno de los poemas más bellos al llorar la perdida de su amado;  El horror de la guerra civil española nos robo el encanto y hermosura de Federico García Lorca, también llevó al exilio a su amigo Luis Cernuda, quien moriría en tierra mexicanas. En Latinoamérica Alejandra Pizarnik nos dejaría huérfanos y enamorados; Reinaldo Arenas desde Cuba narra los ímpetus de la revolución y la frustración de los sueños rotos; Cristina Peri Rossi y su desgarro en la escritura; por Colombia Raúl Gómez Jattín necesita entregar su corazón siempre como esclavo; Harold Alvarado Tenorio desde su revista Arquitrave mantiene una agresiva posición ante la sociedad colombiana y su doble moral, como lo expresa su amigo Antonio de Villena, “Por su historia (llena de desprecio, de persecuciones, de maltrato) la homosexualidad suela y aun ha de estar en el lado opuesto del poder. Es más, la homosexualidad habría de aspirar a crear un poder distinto. Un mundo distinto, más tolerante y más justo y por tanto más libre. Un político español y comunista (Santiago Carrillo) dijo, hace años, que nada era más tonto que un obrero de derechas. Por parecido razonamiento, tendríamos que convenir en que nada hay más tonto que un homosexual de derechas o un homosexual católico, esto es, un homosexual que toma el partido de sus perseguidores.

Y faltan más poetas que a lo largo de la historia han dejado hermosos poemas que sobresalen por su valor estético, por la fuerza de las imágenes, por la agresividad del tono y la fundación de una nueva mirada, de un vuelco a las situaciones y a los temas recurrentes en la poesía como el amor, la muerta, la soledad, el deseo.




A Una Amada

Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a ti, y desde tan cerca te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.

El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta...  

SAFO DE LESBOS
Lesbos - Siglo VII a.c.




ROBO DE UN BESO.

Juvencio, te robé un furtivo beso
-a ti, que eres de miel- 

aún más dulce
que la ambrosía dulce.

Pero no lo hice impunemente:
recuerdo haber quedado más de una hora
crucificado en alta cruz, y haber
tratado con gran llanto de borrar
un poquito tu áspera crueldad.
En cuanto te besé, tus parvos labios,
mojados por gotas incontables,
te limpiaste con todos tus deditos,
no fuera a contagiarte mi boca, como si fuera
la sucia saliva de una puta infestada.

Además, me has entregado, desgraciado de mí,
al cruel Amor para que de ambrosia aquel beso
se convirtiera en más amargo que el amargo eléboro.
Así que, si éste es el castigo que das
a mi desgraciado amor
ya nunca más robaré tus besos.

CATULO
Roma – Siglo I a.c.

   
COMO ADÁN, TEMPRANO POR LA MAÑANA

Como Adán, temprano por la mañana,
Saliendo del retiro del bosque, renovado por el descanso,
Mírame cuando paso, oye mi voz, acércate,
Tócame, tócame con la palma de la mano cuando yo paso,
No tengas miedo de mi cuerpo.

Walt Whitman
EEUU 1819 – 1898



EL ESCAPARATE DEL ESTANCO

Cerca del escaparate todo luz
del estanco, se hallaban, en medio de otros muchos.
Por puro azar, sus miradas se encontraron
y expresaron el ilícito deseo de la carne,
tímidamente, dubitativamente.
Luego, unos pocos pasos inquietos por la acera-
y la sonrisa vino, el leve gesto de entendimiento.

Y ahora, ya en el coche cerrado,
la voluptuosa proximidad de los cuerpos,
las manos unidas, los labios unidos.
  
Costantinos Kavafis
Grecia 1863 - 1933




ALBORADA

Tal como libero de su cáscara a la almendra
Así te despojaría de tus ropas
Amada,
Y acariciando con mis dedos la suave y pulida almendra
Podría ver que en mis manos resplandece
una gema de valor inapreciable
  
AMY LOWELL
EEUU 1874 - 1925




PARAD TODOS LOS RELOJES

Parad todos los relojes, descolgad todos los teléfonos,
impedid que el perro ladre dándole un hueso jugoso.
Sacad los pianos, y al compás de amortiguados tambores,
sacad afuera el féretro, y dejad que entren los amigos.

Que los aviones giman y tracen círculos en el cielo
escribiendo el mensaje: "mi amigo, ha muerto",
Poned cintas de luto en los blancos cuellos de los cisnes
y que los guardias se pongan sus guantes negros de algodón.

Para mí, él era el norte, el sur, el este y el oeste
el trabajo diario, la fiesta del domingo,
mi mediodía, mi medianoche, palabras y canciones.
Pensé que el amor duraría para siempre. Estaba equivocado.

No quiero estrellas ahora. Haced negra la noche.
Retiradme la luna, oscureced el sol.
Vaciad los océanos y talad los bosques,
porque ahora nada podría hacerme ningún bien.

W. H. AUDEN
Inglaterra 1907 – EEUU 1973




¡AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO!

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡Ay perro en corazón, voz perseguida,
silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!,
¡que soy amor, que soy naturaleza!

FEDERICO GARCIA LORCA
España 1898 - 1936

     
POEMA EMERGENTE, SIN NÚMERO

Pase lo que pase, vivirá en mí
tu cuerpo. El ondeante ejercicio de tu amor,
sensible, frágil como la fronda apenas enroscada
del helecho en espiral en los bosques
recién dorados por el sol.
Amplios, tus muslos, viajeros nobles y generosos
donde mi rostro entero se hunde una y otra vez...
La sabiduría honda y la inocencia de esa morada
descubierta para mi lengua...En mis labios, el ritmo
tembloroso e insaciable de tus pechos...
Sentir tu mano en mí, firme, protectora,
descubriéndome, con la fuerza de tu lengua
y tus dedos finos llegando allí, donde te esperé siempre,
en mi fondo húmedo y rosa.
Pase lo que pase, ahí estarás tú.
     
ADRIANNE RICH
EEUU 1929 - 2012




PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere.

Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas,
sino seguir libre adelante,
disponible por siempre, mozo o viejo,
sin hijo que te busque, como Ulises,
sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.

LUIS CERNUDA
España 1902 - 1963


 CONTINUIDAD

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quien habla en la habitación llena de ojos. Quien dentelle con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío —dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuando me encontré diciendo: soy yo.) Cúrame —dije.
  
ALEJANDRA PIZARNIK
Argentina 1936 - 1972


HOMERO

El cadáver de su amante mira Aquiles
y se corta los cabellos y apartado y solitario llora
No volverán unidos a la tierra de los mirmidones
a cazar juntos el venado y el jabalí en el monte
Ni beberán más vino entre los amigos
mientras cantan poemas de los antecesores de Homero
Los dioses los han derrotado al matar a Patroclo
La guerra los acercó en un amor más hermoso
pero los separó para siempre jamás
ya nada tendrá Aquiles sino la muerte
del amante en mitad de su joven corazón trémulo
A lo lejos —en el campamento— los guerreros
aqueos preparan religiosamente la pira funeraria
que volverá cenizas el cuerpo de Patroclo
Aquiles retorna a los amigos doloridos y gimientes
y unge al muerto con óleos y perfumes y él mismo
enciende los maderos cuando entrega al cadáver el beso del adiós
—A Homero le gustaría narran otros dolorosos detalles
que ha mezclado con su profunda amargura
pero sabe que tantos jóvenes griegos llorarían al oírlo
y tiene piedad de ellos y los omite.

RAUL GOMEZ JATTIN
Colombia 1945 - 1997



SERVICIO DE PLACER

De cada noche que vivimos
recuerdo implacable tus caderas

Como nunca, nadie
ofreció iguales placeres.

Como nunca, nadie
extrajo de mí la vida.

Dicen que ahora otro,
tan alto como yo,
complace tu caprichos
y los de tus padres.

Soy sólo un escribano
y debo componer
tres mil caracteres cada día.

Apenas sirvo para dar placer.

HAROLD ALVARADO TENORIO
Colombia 1945



lunes, 7 de diciembre de 2015

LA ABUELA

LA ABUELA 

Por: Saúl Gómez Mantilla


Con un libro entre las manos encontró a la abuela sumergida en llanto, ―era muy inteligente y muy loco―, diría ella. Leía la historia de un poeta nacido en el valle del Sinú, su último año de vida, enfermo de amor y locura; sus andanzas, como su poesía, le hacían temer por su nieto. Un eterno adolescente, propenso a la poesía, un vagabundo, solitario, perdido en su casa materna, entre herramientas y maderas, ese muchacho flaco no había nacido para continuar con la tradición familiar. Muy delgado, poco hábil en el trajinar cotidiano. Lo veía a diario metido entre sus libros, como salido del tiempo. Sus lágrimas le hacían prever un futuro incierto, esperaba la anciana, que ese desastre de vida que se avecinaba surgiese después de su muerte. 

En su niñez, en un pequeño pueblo perdido en la cordillera de los Andes, azotado por la violencia entre rojos y azules, conviviría con la magia y la fantasía del lugar. La vieja recordaba la presencia de un duende, de un pequeño ser de enorme sombrero que la llamaba en sus salidas al rio, mientras ella recogía agua para lavar los trastos de la loza. El duende le hablaba del embrujo de sus ojos verdes, le decía que eran profundos como las montañas y los bosques en que habitaba. Ella corría hasta su casa y le contaba a su mamá sobre la presencia de este ser; como única manera de protegerse, rezaban un rosario, mientras escuchaban una risa que se extendía por el campo. Al llegar su padre en horas de la noche, luego de las labores de la siembra, salía, escopeta en mano, en busca del vecino que con raras artimañas, disfrazado y aprovechándose de la inocencia de su hija, la quería perjudicar. ―Témele a lo vivos― le decía él, ―de los muertos se encarga el patas. 

Como muchos niños que sobrevivieron a la violencia, al morir sus padres a causa de las asonadas azules en el municipio, debió cuidar de sus hermanos, recordando siempre aquellas palabras que proclamaba el sacerdote en sus homilías, las cuales le repetiría a sus nietos, como la razón que esgrimían los culpables de la muerte de sus padres, ―matar liberales no es pecado, nuestro deber es limpiar el mundo de masones y ateos―. Con dos niños y una niña, ella, de tan solo 14 años, emprendió camino por las montañas, de pueblo en pueblo fue buscando un lugar donde conseguir un trabajo y poder ver de sus hermanos. Llegó a un frío poblado, con más iglesias que casas, adornado con blasones españoles y con la estatua de un conquistador en medio de su plaza principal. Allí, sola y con frío buscó la ayuda divina, en un rincón de una iglesia encendería una vela, pidiéndole al señor del humilladero que la ayudase en ese extraño lugar. A la mañana siguiente, una viuda, condoliéndose de la muchacha, le dio posada y trabajo. Aprendería a hacer harina en un molino, y a cocinar para las ventas de los domingos frente a la iglesia. También vería a sus hermanos crecer, cada uno tomaría un camino, muy niños buscarían otros pueblos, aprenderían otros oficios, afín de no ser una carga, de ser hombres antes de tiempo. 



En medio del agite del trabajo y en sus andanzas con las ventas, conocería a un señor mayor, quien cada tanto, le hacía unas extrañas visitas a la viuda, en horas poco apropiadas, muy temprano o muy tarde. ―El amor es algo que se aprende, es una costumbre― le diría la señora a la muchacha, para que aceptara los devaneos de este pretendiente. ―Con él tendrá una casa, y con la llegada de los hijos harán una familia. En estos tiempos, que parece que se acerca el fin del mundo, lo mejor es no estar sola, no sea que la chusma le dé por molestar otra vez―. Con estas razones la abuela fundó el amor y creo un hogar, por encima de los caprichos y las peleas, hasta que la muerte los separará, era su compromiso, el pequeño milagro que una velita le había concedido, años atrás, en el rincón de un templo. 

Entre las montañas, en las labores del campo y del hogar, los libros tienen poco valor. Allí la fuerza del azadón, la destreza con el machete y el conocimiento sobre las temporadas de siembra y de cosecha se aprenden con la práctica. En el cotidiano amanecer entre nubes y árboles, las manos van adquiriendo la destreza que este tipo de vida requiere. ―Para leer habrá tiempo después, cuando llegue la vejez y los ojos busquen consuelo en las palabras, para que la soledad se llene de recuerdos y se pueda cargar ese cuerpo que será un estorbo, un masa llena de dolencias y enfermedades. Para ese tiempo están hechos los libros, cuando postrada en una cama solo se pueda viajar a través de las palabras―. Eran las palabras que le decía su abuela, cuando lo veía sumido en la lectura, habiendo tanto qué hacer en casa, arreglar el fogón de leña, recoger la madera, podar los árboles, limpiar el patio. 

En la enorme casa donde vivían se requería trabajo, tanto los hijos como lo nietos debían aportar en su mantenimiento y en las labores diarias. Las niñas aprendían las faenas de la cocina y los niños la importancia del esfuerzo para conseguir el alimento. La vida la había premiado con tantos hijos como pudo parir, incluso, llegó a adoptar niños pequeños a medida que sus nietos crecían. Quería brindarles a ellos la niñez que no tuvo, que jugaran y aprendieran a trabajar a la vez, pensaba que en su vejez, serían una buena compañía, para no estar sola, mientras su cuerpo se consumía por los años. 



En diciembre, con el inicio de las misas de gallo y las novenas, la abuela se armaba de fuerza y ponía a funcionar su antiguo fogón de leña, sacaba su enorme perol, ennegrecido por los años y el uso, y bajo las escaleras que llevaban al segundo piso, hacía pasteles, arepas y olladas de café. ―La gente sale de misa con hambre, tanta rezadera emboba―, le decía a sus hijos, para que ellos fuesen a vender esos alimentos, que nunca eran suficientes. Sus nietos se levantaban muy temprano, el tañir de las campanas y los villancicos que tronaban desde la torre de la iglesia, despertaban a todo el pueblo, ellos salían en manada y se sentaban en las escaleras, sobre el fogón, a esperar el tinto y la arepa para empezar el día. No pensaban en ir a la misa de aguinaldos, solo querían disfrutar de la madrugada, cobijados por el calor y los juegos tempraneros del sí y el no, de la pajita en boca, del tres pies, del dar y no recibir; juegos que serían cobrados el día de los inocentes, entre tazas de café con sal, de frutas amargas y jugos salados. 

Como una llamita al viento, la abuela se fue apagando, a causa de una caída que afectó su cadera, no pudo caminar como lo hacía anteriormente, y se dedicó de lleno a la lectura. Le pedía a su nieto novelas que hablaran sobre la violencia, historias que fuesen reales o que la hicieran reír. Relacionaba lo que leía con su vida, cada tanto empezaba a hablar de los libros y estos se cruzaban con sus recuerdos, como aquel perro que muere a los pies de su amo en una novela de Dostoievski, recordaba ella que a sus pies, había muerto de viejo uno de los perros de la casa, se acostó junto a ella y no se volvió a levantar. En otras ocasiones le gustaba escuchar poesía popular, poemas que narraban historias de amoríos, de mujeres infieles, de payasos tristes y de un grupo de bohemios que despedían el año. Imaginaba a su nieto, como el bohemio puro, de gran melena, que brindaba por ella. Recordaba que había acompañado a su nieto a leer sus poemas, ante una sala llena, un espectáculo extraño, tanta gente reunida por un libro, escuchando en silencio unas extrañas palabras que no entendían, pero, al parecer los conmovía. En cama, la abuela evocaba las palabras del caballero andante, ella sin quererlo, años atrás, también había proferido su discurso en torno a las armas y las letras. Ahora no hay que dudar sino que este arte y ejercicio excede a todas aquellas y aquellos que los hombres inventaron, y tanto más se ha de tener en estima cuanto a más peligros está sujeto. Quítenseme delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas, que les diré, y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen.

domingo, 11 de octubre de 2015

EL CONFLICTO ENTRE MITOLOGÍA Y FILOSOFÍA EN MEDEA DE EURÍPIDES

EL CONFLICTO ENTRE MITOLOGÍA Y FILOSOFÍA
EN MEDEA DE EURÍPIDES


Por: Saúl Gómez Mantilla

INTRODUCCIÓN

Eurípides nació en la isla de Salamina en el año 484 a.c., esto lo sabemos por un hallazgo en la isla de Paros, una estela de mármol descubierta en el siglo XVII; aunque la leyenda nos dice que él nació en el  480 a.c., año en que se realizó la batalla de Salamina, que cambiaría el rumbo de la historia de Atenas.  La leyenda en sí plantea la relación generacional entre Esquilo, Sófocles y Eurípides con la batalla de Salamina, siendo así que Esquilo representa a los hombres que lucharon por la libertad, Sófocles representa a los hombres que vivieron los frutos de los años siguientes, y Eurípides  a aquellos para los que la batalla de Salamina era tan solo el recuerdo de un gloriosos pasado. También, los tres dramaturgos representan una relación con el pasado mítico: en las obras de Esquilo los dioses tienen en sus manos el destino de los hombres; en las de Sófocles, el hombre obedece las leyes de los dioses, pero puede tomar sus propias decisiones; en las de Eurípides, el hombre se ha alejado de los dioses y es dueño de su destino.

En su juventud Eurípides vivió una época de auge intelectual, fueron contemporáneos suyos, entre otros,  Sócrates, Anaxágoras, Protágoras, Herodoto, Sófocles, Hipócrates, Tucídides, y Atenas era dirigida por Pericles.  La primera tetralogía que produjo Eurípides fue en el año de 455 a.c. llamada “las hijas de Pelias”, y  su primer triunfo como dramaturgo fue en el año 442 a.c., pero se desconoce el nombre de la obra con la cual mereció dicho premio.  En vida Eurípides ganó cuatro concursos y se le suma uno más, con una obra póstuma presentada por su hijo o sobrino. En el año 408 a.c. Eurípides se retira a la corte del Rey Arquéalo de Macedonia, quien tenía la vanidad de rodearse de hombres prestigiosos. Al morir Eurípides el rey Arquéalo se negó a entregar su cuerpo y los atenienses construyeron un cenotafio en su memoria, con la siguiente inscripción, obra de Tucídides o de Timoteo el músico:

“Toda la Hélade por este monumento ha recuperado a Eurípides
aunque él yace en campos de Macedonia, donde descansa al fin.
Todavía sufre por él el corazón de la Hélade; también Atenas;
y estremeció al mundo con tan dulces cantos, que el mundo está lleno de su fama”.

El mayor contraste presente entre Eurípides y Esquilo, es que en Eurípides el centro de los acontecimientos es el ser humano, ya las acciones de los hombres no están del todo ligadas a los dioses, aunque los dioses sigan presentes en la escena y los temas deriven de la mitología.  Estas tradiciones las usaba Eurípides como fondo de todos los sucesos que representaba, para tratar de armonizar la herencia religiosa con las nuevas ideas filosóficas.


 EL CONFLICTO ENTRE MITOLOGIA Y FILOSOFIA

Eurípides es uno de los grandes cronistas de su tiempo, ya que en sus obras, más que en las de cualquier otro poeta trágico, sentimos la ruptura, los cambios que sufre la Atenas de la época, el marcado contraste entre dos formas de ver la vida, la primera es el respeto por las tradiciones y la herencia religiosa y la segunda es la crítica por parte de la filosofía a todo ese acervo cultural, heredado de los antepasados.

Medea representa a la mujer que pone su pasión por encima de todo sufrimiento y humillación, si bien, se encuentra en un país extranjero, esto no es motivo para frenar sus fatales decisiones, para contener su odio al sentirse traicionada.  En toda la obra se refleja el carácter fuerte e irreprimible de Medea, conocemos las circunstancias que la llevaron a tomar decisiones en extremo dolorosas, a pesar de sus dudas, de esa lucha interior que lleva y se despliega hermosamente en sus monólogos, esta lucha entre el amor por sus hijos  y sus deseos de venganza.

Una de las grandes críticas a Eurípides consiste en la innovación que produjo la inclusión de un prólogo a la estructura del drama griego, se decía que éste hacía perder intensidad a la obra, porque refería el desenlace de los hechos, no de manera directa, pero haciendo alusiones a los hechos futuros del drama.  Pero en realidad éste desenlace no se muestra completo, tampoco la forma en que se va a desencadenar.

En Medea, la nodriza al inicio de la obra, narra los hechos anteriores al drama (herencia mitológica), la búsqueda del vellocino de oro por parte de los argonautas, hasta la situación actual en Corinto; poco a poco la tensión en escena va aumentando al referir el dolor de su señora al ser traicionada por su esposo Jasón y nos da indicios del desenlace fatal de la historia, sin revelar los giros que tendrá la tragedia.

El coro está compuesto por un grupo de mujeres corintias y su función es la de ser confidente y cómplice del dolor de Medea; si bien, a veces trata de conciliar cuando los ánimos están exaltados o de calmar al espectador mediante pasajes muy poéticos alusivos a la tensión reinante en la escena:

Los amores, cuando llegan en demasía, no aportan a los hombres renombre ni virtud. Mas, si Cipris llega con mesura, ninguna otra diosa es tan grata.  ¡Jamás, oh Señora, dispares contra mí, desde tu arco dorado, el inevitable dardo tras ungirlo de deseo!

El coro se convierte en un eco del pensamiento de los personajes, aunque en ocasiones nos presenta la voz de las mujeres corintias que aconsejan o le reprochan a Medea y Jasón por sus actos, pero sin lograr en ellos un cambio en sus acciones.  El pasaje más palpable a esta referencia se da al final de la obra, cuando los hijos de Medea piden al coro que los salve de la muerte a manos de su madre, pero el coro impotente, solo puede ser testigo de estos fatídicos hechos.

Eurípides para describir el dolor y los deseos de venganza de Medea se vale de la nodriza, de una serie de metáforas que comparan la mirada de Medea con la de animales bravíos, la nodriza habla al pedagogo que se encuentra con los niños sobre la forma en que Medea mira a sus hijos: 

“Pues la he observado ya dirigiéndoles a éstos una mirada de toro”. 

La nodriza habla con el coro y dice:

“Pero tomaré esta molestia por complacerte, aunque, como un toro, dirige a los sirvientes una mirada de leona recién parida” 

Ya al final de la obra Jasón expresando su dolor, insulta a Medea comparando su temperamento con el de un monstruo:

“leona, que no mujer, pues tienes una naturaleza más salvaje que la tirrénica Escila”.

Uno de los aspectos que marca la obra es el intento por mostrar la pugna que existía en su época, entre los seguidores de la herencia religiosa y los adeptos de las nuevas ideas filosóficas; Medea no es ajena a estos hechos, en la obra hay varios pasajes que lo expresan claramente; En el diálogo entre la nodriza y el coro: 

“No erraría quien considerara torpes y de ningún modo inteligentes a los anteriores mortales que inventaron, para fiestas, festines y banquetes, himnos a manera de audiciones que alegran la vida.  Mas ningún mortal descubrió el modo de acabar con las odiosas penas por medio de música y cánticos de múltiples notas; de aquellas surgen muertes y espantosas desgracias que arruinan las moradas”. 

Medea habla con Creonte y sus palabras parecen tomadas del pensamiento filosófico que agitaba la época: 

“Porque, si enseñas nuevos saberes a los ignorantes, parecerás ser inútil de nacimiento, que no sabio; mas, si te toman por superior a los que aparentan saber algo complicado, resultaras fastidioso a ojos de la ciudad”. 

Cuando Medea le reclama a Jasón su falta a la promesa que hizo anteriormente de amarla, le insta a que devele el por qué de su decisión: 

“La fe en los juramentos se ha perdido y no puedo entender si es que piensas que los dioses de entonces ya no gobiernan o que hay ahora nuevas normas entre los hombres, porque sabes muy bien que no me has guardado tu juramento”.

A lo largo del relato nos enteramos por palabras de Medea de la situación de las mujeres en la época, hay varios pasajes alusivos a lo supeditada que estaban las esposas a sus maridos: La nodriza  dice en el prologo:

“Pues la mayor salvación acaece cuando la mujer no disiente del marido”. 

Medea pone en claro las desventajas que tiene las mujeres con respecto a los hombres, cuando se casan o se separan, ve al matrimonio como un yugo, como una pena dolorosa: 

“De todos los seres animados y dotados de pensamiento las mujeres somos el más desdichado.  Pues, en primer lugar, tenemos que comprar un marido con excesivo gasto de dinero y conseguir un dueño de nuestro cuerpo, pues ésta es una desgracia más dolorosa aún.  Y el combate supremo consiste en conseguirlo malo o bueno.  Las separaciones no reportan buena fama a las mujeres, y no es posible repudiar al esposo.  Cuando una ha arribado a nuevas costumbres y leyes menester es que sea adivina, sin haberlo aprendido en casa, de cómo tratará mejor a su compañero de lecho.  Si logramos cumplir eso bien y nuestro marido habita con nosotras, sin imponernos el yugo por la fuerza, envidiable es nuestra vida”.

En varios pasajes se observa lo estigmatizada que estaba la mujer, su vida e incluso, si llegaba a sobresalir, se le consideraba objeto de males, Medea le dice a Jasón:

“Tú posees el saber, y, además, por naturaleza, las mujeres somos del todo ineptas para el bien, pero las más expertas artífices de todos los males”. 

Jasón increpa a Medea y le dice una de las frases más fuertes en la obra, tal vez por frases como estas Eurípides ganó fama de misógino:

En verdad, sería necesario que los mortales engendraran hijos de alguna forma distinta y que no existiera el linaje femenil,  De ese modo los hombres no tendrían ninguna desgracia”.

Medea irónicamente trata de convencer a  Jasón para que sus hijos no sean desterrados, y menciona lo propensa que es la mujer al llanto: 

“Lo haré. No desconfiare de tus palabras, pero la mujer es débil e inclinada a las lágrimas”. 

Medea le pide a Jasón que hable con su esposa, para que sus hijos no sean desterrados, aludiendo a la sumisión de las mujeres por parte de su esposo: 

Jasón: Desde luego, y pienso que la convenceré, al menos”.  
Medea: Sí, si es una mujer como las demás”.


Al final de la obra, en un monologo, en que Medea parece dudar de su decisión de asesinar a sus hijos por el abandono de Jasón, ella afirma:

Medea: Pero, ¿qué es lo que me pasa? ¿Es que deseo ser el hazmerreír, dejando sin castigar a mis enemigos? Tengo que atreverme. ¡Qué cobardía la mía, entregar mi alma a blandos proyectos! Entrad en casa, hijos. A quien la ley divina impida asistir a mi sacrificio, que actúe como quiera. Mi mano no vacilará.

Medea no teme al castigo de los dioses, y es su propia mano quien cobra venganza, ha asesinado a Glauce, prometida de Jasón, y al rey Creónte, para producir sufrimiento en Jasón, también ha decidió asesinara a sus dos hijos y negarle a su padre la posibilidad de hacerles las honras fúnebres, ya que abandona la ciudad de Corinto en un carro volador, llevando consigo los cuerpos de sus hijos, sin sufrir castigo alguno, por parte de los hombres y de los dioses.
  


CONCLUSIONES

Los personajes de Eurípides son dueños de su destino, no solo están sumidos en los problemas de su tiempo, también plantean problemas morales y éticos; en Medea se muestra un escepticismo hacia las divinidades y su influencia en la vida de los hombres.

Medea representa una ruptura para el pensamiento de la época con respecto a la mujer, ya que ella es independiente, pasional, no se deja arrastrar por el dolor; por el contrario, sale a flote a pesar de su sufrimiento, por encima de las situaciones que se le imponen. 

Los diálogos en Medea son fríos, de argumentación calculada, en la búsqueda de la derrota de su oponente; donde se percibe la gran influencia de la retórica de los sofistas.




BIBLIOGRAFIA

Murray Gilbert. EURIPIDES Y SU EPOCA.  Fondo de cultura Económica.  México. 1951.
Eurípides.  TRAGEDIAS I.  Gredos.  España. 1977.
Lucas F.L.  EURIPIDES Y SU INFLUENCIA.  Ed, Nova. Buenos Aires. 1947.
Albin Lesky.  LA TRAGEDIA GRIEGA,  Ed. Labor S.A.  Barcelona.  1966.

Otfrido Muller, Carlos.  HISTORIA DE LA LITERATURA GRIEGA.  Ed. Americalee.  Buenos Aires. 1946. 

martes, 7 de julio de 2015

OFICIO DE POETA

OFICIO DE POETA
Por: Saúl Gómez Mantilla



Decía Jorge Teillier que lo importante no era escribir buenos o malos versos, sino convertirse en poeta, vivir con valores que sean poéticos, artísticos. En ese sentido, Pedro Cuadro Herrera, hizo de la poesía un camino. Vivió como poeta, rodeado de libros, cometiendo poemas, hablando y transmitiendo el amor por la música alada, por las palabras que embellecen el mundo.   
                              
La poesía como oficio literario, fue un taller que dio Pedro Cuadro Herrera en el año de 1996, en la torre del reloj, con este taller empecé a adentrarme en el mundo del poeta en el siglo XX. Pude asistir a ese taller gracias a uno de los paros que se daban en la U.F.P.S. en ese entonces, estudiante de tecnología electromecánica. Durante esas charlas magistrales se discutió sobre la creación poética, el oficio literario, la búsqueda de una voz que identifique al poeta en el universo de la literatura, y nuestra tradición literaria, desde Silva hasta Cote y Gaitán. Pedro Cuadro nos había hablado de la importancia de la curiosidad como una herramienta para avanzar, para crecer en la literatura, la importancia de las lecturas y de la experimentación con el lenguaje, para lograr esa voz, tan esquiva y necesaria.

De ese taller surgió un grupo de poetas, muy jóvenes e inquietos, que se llamaron Papel, (Pergamino de la Aurora de Poetas y Escritores Libres), en esa nómina estaba Paul Pinzón, Manuel Yesid Duarte y Liliana Varón, entre otros. Con ellos empecé mis andanzas poéticas, los recitales, las publicaciones, los viajes y los encuentros literarios, sobre todo el Encuentro Binacional de Escritores, que anualmente congregaba a poetas del Norte de Santander y del Estado Táchira.                                            

Con los años, el grupo Papel se hizo rebelde y se transformó en los OPNI (Objetivos Poéticos No Identificados). A Pesar del distanciamiento con la Asociación de Escritores de Norte de Santander, ya que las búsquedas estéticas y los avatares de la vida nos alejaban en nuestra idea del ser poeta, siempre recordé ese primer taller como una primera piedra, una llama que fue transmitida y que nunca se apagó.

Oscuros días se avecinan cuando la palabra y el arte son vistos con miedo. Días oscuros se acercan cuando la diferencia y las formas de vida ajenas al burdo comercio, al superfluo intercambio de dinero que ahoga y perturba a la ciudad, son temidas y cegadas.

Al enterarme de su asesinato, muchos recuerdos invaden el día, cómo pueden matar a un hombre amante de la belleza y defensor de la vida, por qué matar a un hombre que sueña con la palabra y hace de ella su vocación. No queda otra que creer en el hombre, aunque puede causar todo el horror, aún existen algunos que dan su vida para crear nuevos mundos, que ofrendan su vida a través de la palabra, que con el lenguaje puede dar una luz, iluminar un camino, ajeno al ruido de las balas.

En mi memoria persiste ese regalo de Pedro Cuadro Herrera, palabras para hacer de la escritura un oficio, entregar una pasión por la palabra y hacer de esa materia cotidiana y amorfa, como es el lenguaje, un objeto bello llamado poesía.

domingo, 21 de junio de 2015

EL PADRE

EL PADRE

 


Aquella noche, a la espera del autobús en una transitada carretera, era la oportunidad de un abrazo, de algunas palabras que permitieran abrir y extender la relación, que tanto padre e hijo supiesen del otro, no de los hechos del pasado, no de los reclamos por la ausencia del uno y del otro, sino de lo que se piensa y se siente. Pero el respeto y el miedo, el acercarse a diálogos nunca iniciados eran todo un impedimento. Cómo abrirse al otro si eran desconocidos, aunque presentían los sueños de cada uno, y entre las calles que recorrieron por años algo se habría insinuado, algo del cariño estaba en las charlas sobre libros y cine, sobre política y violencia; pero nunca sobre ellos, nunca eran los protagonistas de aquello que se contaban el uno al otro. Se hablaban a partir de otras cosas, se conocían por la música, por las canciones que daban cuenta de una visión de mundo, del dolor y del amor, por lo libros leídos y compartidos, por las palabras de otros que reflejaban al ser que las escuchaba. Bajó la cabeza el viejo y acariciando al muchacho, dice tienes razón hijo, el odio todo ha cambiado, los piones se jueron lejos y el surco está abandonao a mí ya me faltan juerzas, me pesa tanto el arao y tú eres tan sólo un niño pa'sacar arriba el rancho.

Mientras las luces pasaban una detrás de otra, surgió el recuerdo de una cantina, una vieja tienda con un árbol de ciruelas, el afiche de una vaca mostrando sus posaderas invadía el ambiente ―para todos los gustos― decía el cartel. Aquella noche en medio de la carretera, el frío invitaba a recordar aquel día en que el dolor tuvo su límite. Cerveza tras cerveza las lágrimas cubrían el rostro del viejo, doce años atrás, un pequeño camión cargaba con pocas cosas, una máquina de coser, una estufa a gas, un catre y dos perros. La madre no soportó más el maltrato y la pobreza, estaba decidida, con sus hijos afrontaría la vida y sus miserias. Para el viejo, el llanto era una forma de asumir la culpa, de compartir ese dolor por aquello que nunca fue, ninguna otra mujer llegaría a consolar ese cuerpo, ninguna otra espantaría a la noche.

En otras ocasiones, la cita era con los amigos, la saga del 007, Ian Fleming, un hombre llamado caballo, elemental mi querido Watson, libros y canciones, eran invocados por la cerveza; los desmanes de la hegemonía conservadora y los recuerdos de la infancia, la juventud buscando oro y esmeraldas, vendiendo historietas en una antigua plaza de mercado, daban cuenta de un pasado desconocido, de otro ser, un boxeador, un futbolista, un lector, que vivió toda una juventud con otros ojos, en otro país, con el tango y las palizas. Aquellos recuerdos hablaban de una época de hombres rudos, de honor y guerra, de un país que hervía con hombres agresivos y cultos, que no dudaban en hacer de la fuerza una consigna diaria, al igual que disfrutaban del insomnio entre las páginas del libro o lloraban al son de pasillos y boleros. Igual que a las espumas que lleva el ancho rio, se van tus ilusiones siendo destrozadas por el remolino.

Bajo el árbol, en la casa que ayudó a construir, los domingos tenía una cita no programada, se ubicaba en medio del patio, llegaba con el diario que página a página era leído completamente entre el café y los cigarrillos. Luego vendría el almuerzo y el recuento de la semana, lo más cercano a eso llamado familia, a ese sueño roto llamado hogar. En otras ocasiones, las tardes del domingo eran dedicadas a las salidas al cine, a disfrutar del western, o alguna película de cartelera, por lo general un remake de una antigua cinta que el viejo disfrutó en su juventud. También era el tiempo de las ferias mecánicas, carros chocones, pocillos, sillas voladoras, rueda de chicago, todo esto para cumplir con la función de padre, dulces y regalos llegaban como una forma de pago, de suplir la ausencia, de compensar la falta; pero nunca, nunca hablar desde el corazón, de ese monstruo llamado amor, que en verdad, era solo una herida entre tantas otras que no cicatrizaban, que mostraban la fragilidad de un padre al que la soledad y el alcohol consumían a diario.
Años más tarde, ya mayores, de igual tamaño e insolencia, los encuentros y caminatas se dieron en otra ciudad. La cita dominical iniciaba con la visita al cementerio, flores en la tumba de la abuela y algunas monedas a espíritus benefactores; luego el almuerzo con las tías, el repetido discurso de siempre, las palabras aprendidas desde chico que hablaban del bienestar. Al llegar la noche, el alcohol hacía su monumental presencia, como un aliciente para tanta vida desperdiciada, como un compañero de derrota, un aliado para la vida que caía de las manos. Luego de varios tragos la voz subía de tono, discutían sin tocar el tema, con eufemismos el ambiente se llenaba de reclamos, de indirectas a través de diálogo y situaciones vistas en alguna película o tomadas de un libro compartido. Si apuestas al amor, cuantas traiciones, cuantas tristezas cuantos desengaños, te quejas, cuando el amor se aleja, como en las noches negras sin luna y sin estrellas.

Por último llegaría la llamada, una supuesta enfermedad había fulminado al viejo, de un momento a otro su corazón se había detenido y se quedó dormido para tranquilidad de la familia. Un viaje intempestivo había agotado el llanto, doce horas de un tortuoso recorrido por tierra para asistir al funeral y ser el centro de todas las miradas. Allí estaba el hijo, había llegado el único varón; sin una lágrima, ni tristeza en el rostro, llevó a la familia en brazos y sepultó al cadáver. Igual de altanero y orgulloso que el viejo, pedante por el odio y el rencor, soberbio porque se había forjado solo, porque era hijo de sí mismo al igual que su padre, no le debía nada material a ese cuerpo que se descomponía; aunque el abandono había forjado su carácter, los obstáculos le habían hecho recio y solitario, lo habían volcado sobre sí mismo. Como si ese entierro fuese una liberación, una carga menos, saludó a todos los asistentes, sin percatarse de que ese saludo era ante todo una despedida, ya que con el padre se enterraba también a la familia, a su familia paterna, sin el vínculo ya no eran necesarias las hipocresías y mentiras de lado y lado.

             Realmente no hubo despedida, al inicio de las vacaciones reaparecía con fuerza ese abrazo nunca dado, se instalaba en el cuerpo destrozando las mañanas, arruinando los planes y llenado de amargura otra temporada. Ese miedo por expresar el cariño, por acercarse a una roca, a un desconocido que ofreció libros, que entregó la lectura como un regalo, como única ofrenda, sigue presente al verse al espejo, ve en sus ojos el rostro del viejo, algo en la sonrisa, un gesto altivo, la penetrante mirada que indaga por sí mismo, que reclama atención, palabras y afecto.  Yo la quise, muchachos, y la quiero y jamás yo la podré olvidar; yo me emborracho por ella y ella quién sabe qué hará. Eche, mozo, más champán, que todo mi dolor, bebiendo lo he de ahogar; y si la ven, muchachos, díganle que ha sido por su amor que mi vida ya se fue.